6 de Mayo de 1955

6 de Mayo de 1955

domingo, 29 de diciembre de 2024


 

  

El Jisu

(La Arista del Pico Pozán)

 

El Jisu es un audaz cuchillo que se lanza hacia el cielo azul puro de Liébana como una flecha, mostrando al sol su impresionante filo de roca gris clara. Es la arista que mira al valle, que queda allá abajo, muy abajo, con el ambiente encantador de sus pueblos escondidos entre valles llenos de fronda: Bree, Tanarrío, Mogrovejo, etc. 

Hace un día espléndido. Venimos desde el refugio de Áliva, donde hemos pernoctado. Ayer estuvimos en el Valdecoro, bella y fuerte escalada de una verticalidad impresionante, aunque un poco corta. Nuestro objetivo de hoy es el Jiso, con su centelleante filo brillando al sol. Estamos al pie de su base, bajo los 650 metros de roca que se lanzan hacia arriba como para llegar al cielo y visitar a los ángeles. Estamos preparándonos para recorrer ese camino hacia las alturas, nos encordamos con el alma vibrante de emoción y alegría.

La primera parte de la escalada es una gran canal por la que trepamos. Forma un gran escalón con una brecha de cinco largos de cuerda en los cuales hay diversidad de dificultades, incluido un paso de quinto grado como consecuencia de un estrechamiento. Lo demás es fácil, cuarto y tercer grado. Llegamos a la gigantesca canal que separa el Jiso y el Prao Cortés y, por terreno más fácil, nos dirigimos hacia el pie de la verdadera arista. Tenemos más de seiscientos metros de escalada por delante (dejarse llevar por la magia). Hasta ahora hemos subido más de cien metros, y ahora seguimos por unas pendientes herbosas hacia la izquierda y nos ponemos al pie de la arista. Pasos de tercer grado de dificultad antes de la cueva, pasos de cuarto grado… aquí el espolón va afilándose.

(En aquella soledad magnífica estaba muy feliz, en silencio con los primeros resplandores de luz, teníamos delante al gigante que nos ignoraba.)

Los primeros que hicieron esta vía vieron una cueva que queda a la derecha un poco fuera del itinerario, pero nosotros estamos dedicados a la escalada a la que nos enfrentamos y no nos acercamos a visitarla. Conseguimos dominar dos grandes escalones de tercer grado, y ya el primer gran obstáculo de escalada cuarto grado y seguidamente quinto superior en dos largos verticales con pequeños agarres. Hay gran emoción, la roca es buena, excelente la maravillosa caliza de Picos de Europa: placas de roca sana pero difícil, aunque con buenas manos y buena colocación se superan bien. El secreto de la escalada es la colocación apropiada y una buena distribución de los apoyos y los agarres.

Pero no nos entretenemos con problemas de escalada, la progresión es rápida, estamos bien entrenados. Nuestras largas horas de entrenamiento en la zona del faro de Cabo Mayor, cerca de casa, están dando resultados excelentes. Subimos a una buena marcha muy continuada. Llegamos al Faraón, llamado así por una forma de la pared que recuerda a las figuras egipcias.

(Estamos solos, qué maravilla, en aquel mundo grandioso de las montañas, con un paisaje encantador a nuestros pies, y una soledad que no abruma, una soledad que no es soledad, están con nosotros las montañas, el sol, el paisaje…)

Ahora llega una zona de pequeños agarres, cosa muy frecuente en el Jisu, una fina escalada, canalizos y llambrias. Otro largo difícil, ahora la roca es buena (desplegar todas las facultades propias) (la felicidad que el escalador lleva dentro). Aquí tenemos otro largo difícil, diez o doce metros y pasamos a la derecha, saliendo a una plataforma amplia pero muy inclinada. Un largo difícil ligeramente extraplomado, después un bello largo en libre precioso de quinto grado y se llega a un gendarme. Pasamos por su izquierda y aquí, a la altura de las manos una especie de visera al revés, en consecuencia el agarre está al revés. Después llegamos a una plataforma que tiene un mogote situado cerca de la pilastra, y otro largo en libre y escalonado con roca algo descompuesta. Es una escalada magnífica, constantemente varían las situaciones y las características de la roca. Esta vía, a pesar de desarrollarse a lo largo de una arista estrecha, tiene pasos variados y dificultades constantes. Los pasos son de cuarto grado, cuarto superior y quinto, así que la escalada es sostenida, la atención tiene que ser constante y la sensación de estar en el aire está presente en todo momento. Otro largo en libre da paso a otra gran reunión, de la cual partimos con dos clavijas, y nueva reunión en una buena clavija. Se van sucediendo los largos de cuerda con normalidad, otro largo, nueva reunión, y las palabras normales en una escalada: “Tensa cuerda”, “Asegura”, “Recoge cuerda”, “Atención que está difícil”, “Dame cuerda”, “¡Atención, roca descompuesta!”, “¡Esto es la gloria!”, “¡Qué bonita escalada!”….

Descansamos unos instantes, pues vamos a una buena marcha. La sensación de ser como pájaros aquí se siente de verdad, pues volamos por encima de Liébana, que muy por debajo de nosotros luce sus colores y su gentileza como un jardín con su luminosidad y su alegría. Y pienso qué felices podríamos ser los humanos con tantas cosas buenas y bonitas que tenemos tan a mano, como la montaña, el mar, la amistad y el amor, y disfrutarlas sin fastidiar a los demás.

Ahora nos pasamos a la derecha sobre un diedro. Es fuerte, difícil y extraplomado. El resto es libre hasta una reunión cómoda sobre plataformas alargadas y otro largo difícil y vertical, muy aéreo y un tanto extraplomado. A su final se sale por otro diedro hasta una plataforma con una laja grande donde asegurar. A la izquierda una pequeña cavidad podría servir de vivac, aunque veinte metros más arriba hay un sitio mucho mejor. Un nuevo largo difícil y a continuación salida difícil. Aquí la pared es muy lisa y compacta. Se llega a una repisa donde se juntan las dos crestas. Otro largo en libre con salida hacia la derecha pegado al abismo, que aquí ya alcanza una grandeza magnífica. Buena reunión. Seguimos en libre desplazándonos a la izquierda y llegamos a una buena repisa. Salida por la chimenea en un canalizo herboso de la izquierda, con muchos agarres que conduce a una buena reunión con bloques.

Ya estamos terminando. Sigue un largo en libre más difícil que los anteriores a lo largo del espolón para desviarse a la izquierda por llambrias de canalizos. Hay que tener cuidado al hacer esta desviación, pues el terreno está muy extraplomado. Directamente a la derecha se llega a una reunión también de bloques, y por fin un largo en libre nos coloca en el lomo final. Éste nos lleva hasta una reunión a partir de la cual el espolón pierde verticalidad y se transforma en grandes repisas escalonadas por las que podemos subir ensamble. Y ya en la cumbre después de seiscientos treinta metros de escalada, satisfacción y alegría. Cuando se termina una escalada como esta se siente la satisfacción del final del esfuerzo, satisfacción del triunfo difícil, mezclada con pena. Se termina la lucha, pero también se termina el recreo.

La escalada significa una sucesión de batallas con diferentes obstáculos, diferentes formas de roca, diferentes dificultades. Escalas en soledad, porque tus compañeros están cerca pero eres tú quien resuelve tus dificultades con la roca, luchas solo. Aunque, eso sí, estás asegurado por tus compañeros desde abajo o desde arriba. A pesar de todo una caída es una pequeña derrota, y aunque no te hagas daño físico sí que sientes un gran daño moral. Pero la realidad es que caemos muy pocas veces, sobre todo porque confiamos en nuestro material y nuestra técnica, aunque el vacío no se te quita nunca de la mente. Psicológicamente el escalador debe ir tranquilo, luchando sólo con los problemas de escalada, que son como un juego de ajedrez. Luchas en silencio, luchas en soledad cuando tus dedos se incrustan en una grieta, o cuando tu mano se apoya en la áspera roca y tienes ante ti el problema. Hay veces que escalas con continuidad como construyendo un mecano, tratando de que tu mano o tu pie se coloque en el sitio adecuado y conservando un equilibrio que a veces parece imposible. La caliza de Picos de Europa es maravillosa, a veces rojiza, a veces gris, a veces áspera como lija o cortante como un cuchillo, a veces lisa que parece imposible sujetarse en ella, pero siempre bella y atractiva.