El Jisu
(La Arista del Pico
Pozán)
El Jisu es un audaz cuchillo que se lanza hacia el cielo azul puro de Liébana como una flecha, mostrando al sol su impresionante filo de roca gris clara. Es la arista que mira al valle, que queda allá abajo, muy abajo, con el ambiente encantador de sus pueblos escondidos entre valles llenos de fronda: Bree, Tanarrío, Mogrovejo, etc.
Hace un día espléndido.
Venimos desde el refugio de Áliva, donde hemos pernoctado. Ayer estuvimos en el
Valdecoro, bella y fuerte escalada de una verticalidad impresionante, aunque un
poco corta. Nuestro objetivo de hoy es el Jiso, con su centelleante filo
brillando al sol. Estamos al pie de su base, bajo los
La primera parte de la
escalada es una gran canal por la que trepamos. Forma un gran escalón con una
brecha de cinco largos de cuerda en los cuales hay diversidad de dificultades,
incluido un paso de quinto grado como consecuencia de un estrechamiento. Lo
demás es fácil, cuarto y tercer grado. Llegamos a la gigantesca canal que
separa el Jiso y el Prao Cortés y, por terreno más fácil, nos dirigimos hacia
el pie de la verdadera arista. Tenemos más de seiscientos metros de escalada
por delante (dejarse llevar por la magia). Hasta ahora hemos subido más de cien
metros, y ahora seguimos por unas pendientes herbosas hacia la izquierda y nos
ponemos al pie de la arista. Pasos de tercer grado de dificultad antes de la
cueva, pasos de cuarto grado… aquí el espolón va afilándose.
(En aquella soledad
magnífica estaba muy feliz, en silencio con los primeros resplandores de luz,
teníamos delante al gigante que nos ignoraba.)
Los primeros que
hicieron esta vía vieron una cueva que queda a la derecha un poco fuera del
itinerario, pero nosotros estamos dedicados a la escalada a la que nos
enfrentamos y no nos acercamos a visitarla. Conseguimos dominar dos grandes
escalones de tercer grado, y ya el primer gran obstáculo de escalada cuarto
grado y seguidamente quinto superior en dos largos verticales con pequeños
agarres. Hay gran emoción, la roca es buena, excelente la maravillosa caliza de
Picos de Europa: placas de roca sana pero difícil, aunque con buenas manos y
buena colocación se superan bien. El secreto de la escalada es la colocación
apropiada y una buena distribución de los apoyos y los agarres.
Pero no nos
entretenemos con problemas de escalada, la progresión es rápida, estamos bien
entrenados. Nuestras largas horas de entrenamiento en la zona del faro de Cabo
Mayor, cerca de casa, están dando resultados excelentes. Subimos a una buena
marcha muy continuada. Llegamos al Faraón, llamado así por una forma de la
pared que recuerda a las figuras egipcias.
(Estamos solos, qué
maravilla, en aquel mundo grandioso de las montañas, con un paisaje encantador
a nuestros pies, y una soledad que no abruma, una soledad que no es soledad,
están con nosotros las montañas, el sol, el paisaje…)
Ahora llega una zona de
pequeños agarres, cosa muy frecuente en el Jisu, una fina escalada, canalizos y
llambrias. Otro largo difícil, ahora la roca es buena (desplegar todas las
facultades propias) (la felicidad que el escalador lleva dentro). Aquí tenemos
otro largo difícil, diez o doce metros y pasamos a la derecha, saliendo a una
plataforma amplia pero muy inclinada. Un largo difícil ligeramente
extraplomado, después un bello largo en libre precioso de quinto grado y se
llega a un gendarme. Pasamos por su izquierda y aquí, a la altura de las manos
una especie de visera al revés, en consecuencia el agarre está al revés.
Después llegamos a una plataforma que tiene un mogote situado cerca de la
pilastra, y otro largo en libre y escalonado con roca algo descompuesta. Es una
escalada magnífica, constantemente varían las situaciones y las características
de la roca. Esta vía, a pesar de desarrollarse a lo largo de una arista
estrecha, tiene pasos variados y dificultades constantes. Los pasos son de
cuarto grado, cuarto superior y quinto, así que la escalada es sostenida, la
atención tiene que ser constante y la sensación de estar en el aire está
presente en todo momento. Otro largo en libre da paso a otra gran reunión, de
la cual partimos con dos clavijas, y nueva reunión en una buena clavija. Se van
sucediendo los largos de cuerda con normalidad, otro largo, nueva reunión, y
las palabras normales en una escalada: “Tensa cuerda”, “Asegura”, “Recoge
cuerda”, “Atención que está difícil”, “Dame cuerda”, “¡Atención, roca
descompuesta!”, “¡Esto es la gloria!”, “¡Qué bonita escalada!”….
Descansamos unos
instantes, pues vamos a una buena marcha. La sensación de ser como pájaros aquí
se siente de verdad, pues volamos por encima de Liébana, que muy por debajo de
nosotros luce sus colores y su gentileza como un jardín con su luminosidad y su
alegría. Y pienso qué felices podríamos ser los humanos con tantas cosas buenas
y bonitas que tenemos tan a mano, como la montaña, el mar, la amistad y el
amor, y disfrutarlas sin fastidiar a los demás.
Ahora nos pasamos a la
derecha sobre un diedro. Es fuerte, difícil y extraplomado. El resto es libre
hasta una reunión cómoda sobre plataformas alargadas y otro largo difícil y
vertical, muy aéreo y un tanto extraplomado. A su final se sale por otro diedro
hasta una plataforma con una laja grande donde asegurar. A la izquierda una
pequeña cavidad podría servir de vivac, aunque veinte metros más arriba hay un
sitio mucho mejor. Un nuevo largo difícil y a continuación salida difícil. Aquí
la pared es muy lisa y compacta. Se llega a una repisa donde se juntan las dos
crestas. Otro largo en libre con salida hacia la derecha pegado al abismo, que
aquí ya alcanza una grandeza magnífica. Buena reunión. Seguimos en libre
desplazándonos a la izquierda y llegamos a una buena repisa. Salida por la
chimenea en un canalizo herboso de la izquierda, con muchos agarres que conduce
a una buena reunión con bloques.
Ya estamos terminando.
Sigue un largo en libre más difícil que los anteriores a lo largo del espolón
para desviarse a la izquierda por llambrias de canalizos. Hay que tener cuidado
al hacer esta desviación, pues el terreno está muy extraplomado. Directamente a
la derecha se llega a una reunión también de bloques, y por fin un largo en
libre nos coloca en el lomo final. Éste nos lleva hasta una reunión a partir de
la cual el espolón pierde verticalidad y se transforma en grandes repisas
escalonadas por las que podemos subir ensamble. Y ya en la cumbre después de
seiscientos treinta metros de escalada, satisfacción y alegría. Cuando se
termina una escalada como esta se siente la satisfacción del final del
esfuerzo, satisfacción del triunfo difícil, mezclada con pena. Se termina la
lucha, pero también se termina el recreo.
La escalada significa
una sucesión de batallas con diferentes obstáculos, diferentes formas de roca,
diferentes dificultades. Escalas en soledad, porque tus compañeros están cerca
pero eres tú quien resuelve tus dificultades con la roca, luchas solo. Aunque,
eso sí, estás asegurado por tus compañeros desde abajo o desde arriba. A pesar
de todo una caída es una pequeña derrota, y aunque no te hagas daño físico sí
que sientes un gran daño moral. Pero la realidad es que caemos muy pocas veces,
sobre todo porque confiamos en nuestro material y nuestra técnica, aunque el
vacío no se te quita nunca de la mente. Psicológicamente el escalador debe ir
tranquilo, luchando sólo con los problemas de escalada, que son como un juego
de ajedrez. Luchas en silencio, luchas en soledad cuando tus dedos se incrustan
en una grieta, o cuando tu mano se apoya en la áspera roca y tienes ante ti el
problema. Hay veces que escalas con continuidad como construyendo un mecano,
tratando de que tu mano o tu pie se coloque en el sitio adecuado y conservando
un equilibrio que a veces parece imposible. La caliza de Picos de Europa es
maravillosa, a veces rojiza, a veces gris, a veces áspera como lija o cortante
como un cuchillo, a veces lisa que parece imposible sujetarse en ella, pero
siempre bella y atractiva.

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